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ELOTROCUARTO

FANTASMAS Y OTRAS GUEVONADAS

FANTASMAS Y OTRAS GUEVONADAS

Hola de nuevo mis caminantes.

Hace poco me tocó dejar esta hermosa tierra que habito, para dirigirme a la capital del país por asuntos laborales, ya saben uno de esos viajes que se evitan realizar a no ser que no se puedan solucionar a través de una información por fax, teléfono o e-mail, y que al haber agotado todo recurso, tiene uno por recta obligación que hacerlo, sobre todo con los problemas que esto conlleva, pasajes costosos, no existen hoteles decentes disponibles a módicos precios, y al final viaja uno pagando una tarifa de avión como si fuera en clase ejecutiva, pero viajando al lado de la turbina, hospedándose en un hotel que lo único que te garantiza es que no te va a pasar una cucaracha por a boca en la noche, pero que al ir a pagar, parece la cuenta del Hotel Ritz en Paris, justo en la Suite donde Lady Diana y su novio Doddy Al Fayed pasaron sus últimos momentos de vida, y sin embargo te vas con la sensación de que a pesar de que no paso la cucaracha, si te atacaron las pulgas en la cobija de la cama y que después de haber bajado seis veces la cisterna del sanitario este no pudo tragarse los restos del almuerzo que depositaste en su interior. Es así como te toca dormir con la rasquiña en el cuerpo y un mojón en el baño, deseando que la noche pase rápido y llegue el día para terminar tu trabajo y poder por fin viajar de regreso a casa.

La segunda noche en la Metrópolis después de realizar las tareas programadas, y comprar los detallitos familiares, decidí no comer en el hotel "la pulga feliz", sino salir a caminar para encontrar un buen restaurante que por lo menos me agradara el día, buscaba un lugar que no fuera de comida rápida, sino un sitio que atendiera a manteles y brindara al comensal ,fuera de una buena comida, una atención excepcional, fue así como en frente de mis narices apareció un pequeño restaurante italiano, que llamó mi atención, soy fanático de la comida mediterránea y al ingresar al cuchitril, lo encontré bastante agradable en apariencia y bondadoso en la carta, al pedir mesa para uno, sentí la tristeza de no estar en compañía de mi esposa, ya que con ella suelo evaluar y criticar los lugares a donde vamos y me hubiese gustado compartir con ella la impresión del sitio, pero sobre todo compartir  el momento ya que siempre he soñado con montar mi propio restaurante y aquella cueva era un lugar modelo para que mi mujer graficara la idea que siempre he tenido en mi mente. Me ubicaron en una mesita debajo de la escalera, a la que me senté y encontré agradable, debido a que tenía una vista de todo el lugar y muy por el contrario los otros comensales no podían divisarme con facilidad.

Para mí la comida es una experiencia que debe llevarnos no solo a sentirnos con  la barriga llena sino a disfrutar los placeres de los sabores y sobretodo de una buena compañía, por este motivo no suelo comer con todo el mundo, solo con mi familia y amigos, porque no hay nada más desagradable que una indigestión propiciada por el factor humano externo, por eso nunca hagan una comida de trabajo, tal atrocidad no existe, o comes o trabajas, pero nunca un placer puede mezclarse con un castigo. Al pedir la carta y ordenar una copa de vino de la casa, comprobé que en la mesa de al lado departía una pareja; Ella una chica de un poco más de treinta y él un rechoncho caballero calvo de algunos treinta y cinco o quizás menos, ya saben como la calvicie ayuda a envejecer en apariencia. Ella con un Margarita al frente, Él con un mojito en las manos, combinación extraña para un "Ristorante".

Después de llamar a mi esposa por celular y comentarle del sitio, me dedique a prestarle atención a los platos del menú, con la salvedad que me hizo el mesero de que los raviolis no los tenían hoy, pero que todo lo demás de la carta estaba a disposición. Agradeciéndole el gesto volví a concentrarme en los primero platos que ofrecía el chef, y me di cuenta que el servicio era óptimo en aquel lugar; no hay cosa que me produzca más agrieras que después de hacer un análisis concienzudo de lo que voy a pedir en un restaurante me salgan con el cuento de que no  hay, cuando me dicen esto pareciera que me colgaran de los vellos púbicos de los testículos, y cuando me repongo y pido desazonadamente otro plato y me vuelven a salir con que tampoco lo tienen, ahí si pareciera que en vez de colgarme de los vellos, me los arrancaran de un solo tirón, me los echaran a la boca y me tirarán menticol en las güevas, por lo menos sabia que hoy no era uno de esos días y que tenía el abanico de posibilidades en la elección de mi cena. Luego de ordenar “Spaghetti Frutti di Mare”, comencé a saborear el pan focaccia con una mezcla de aceite de oliva y balsámico, en esta tarea me encontraba cuando, sin poderlo evitar, o tal vez sí, escuché la conversación de mis vecinos. Ella comentaba que en su antigua casa ocurrían situaciones extrañas, una noche estando con su madre en el primer piso, escucharon como alguien o algo caminaba en la segunda planta, haciendo crujir la madera del piso a cada paso que daba, el susto fue terrible, máximo cuando solo vivían las dos en esa residencia. Miré al caballero y este escuchaba a la interlocutora con cara de perdido en un mundo que nunca antes había estado, se limitaba a revolver con el mezclador el contenido del vaso. Al tiempo, continuó Ella, estando en mi alcoba sentí ganas de comer algo, eran eso de las once de la noche, cuando salgo al umbral de la habitación veo en el descanso de la escalera una imagen como de un hombre que se encuentra mirándome directamente, no me dio miedo, sino que lo miré también y en ese momento la imagen desapareció, solo me acuerdo de que era un hombre mayor, como de sesenta años o más, bajé y me paré exactamente donde lo vi, mire hacia arriba y hacia abajo, pero no encontré nada fuera de lo normal. A estas alturas de la historia el caballero ya tenía en el vaso un potaje verde, resultado de tanto machacar la yerbabuena del mojito, me volví para mirarle la cara y estaba transformado, se le notaba las ganas que tenía de terminar esa conversación y dedicarse a otros temas de mayor interés para él, se rascaba el cuello, miraba hacia la pared del frente, cambiaba los cubiertos de puesto y volvía a ensañarse contra el mojito. Mi mamá dice, prosiguió ella, que la única diferencia entre los vivos y los muertos es la energía, nosotros que estamos vivos tenemos energía, y es fácil saber que la tenemos, estamos calientes, tenemos movimiento, es más los lentes esos de visión infrarroja lo que detectan es la energía del cuerpo humano; en este punto, llamé al mesero y le pedí un vaso de agua para poder tragarme toda aquella historia, ya que presentía que Ella no se iba a callar y que solo podía ocurrir dos cosas: o seguía la dama con su libreto de película de terror, o el caballero acabaría tirándole la mezcla verdosa en la cara, pagaría la cuenta y se iría dejando a la creadora de “casos oscuros de la vida real” bañada y de una buena vez callada, en cualquiera de los dos casos el asunto iba a ser muy divertido. Mi mamá le preguntó a la vecina quién había vivido anteriormente en la casa, porque nosotras no sabíamos quienes eran los dueños; la alquilamos a una agencia inmobiliaria, la señora le dijo que era una familia compuesta por dos niños, el papá, la mamá, y el abuelo. Como ya yo le había contado a mi mamá la historia de la imagen del hombre que vi, mi mamá le preguntó a la vecina, si el abuelo de la familia había muerto en la casa, le dijo que no, que todos se habían mudado hacía seis meses y salieron de la casa vivitos y coleando. El caballero, que no le quedó más remedio que interesarse por la historia le dijo: Bueno entonces debió ser otra persona que vivió antes en la casa. Tan astuto el man, dije para mis adentros tratando de controlar una risita que se me escapo, por lo que disimulé llamando al mesero nuevamente para que me trajera más pan. No! Respondió Ella, antes de esa familia no había casa ahí, ellos fueron los que la estrenaron. En todo caso las visiones de este señor continuaron, prosiguió Ella, una vez estando en el baño, a salir de la ducha y correr la cortina, lo vi parado frente a mi yo me quede inmóvil, no me dio miedo sino mas bien curiosidad le pregunte como se llamaba, el siguió estupefacto, dio media vuelta y camino hacia la puerta desvaneciéndose. No te dio miedo? dijo El. No. Ya te dije que lo que me causó fue curiosidad, es más me inspiró una paz tan grande en ese momento, que hasta me puse a imaginar una conversación con él, preguntarle su nombre, si había muerto hacía mucho y que lo tenía atado todavía  este mundo. ¡Otro Mojito! Grito El caballero al mesero cuando paso por el frente. Lo que antes era escepticismo ahora se había convertido en puro y físico interés, a este punto, ya me había involucrado en la historia por lo que acerque un poco más mi silla hacia el extremo de la mesa de mis vecinos. Las apariciones se hicieron, cada vez más frecuentes, hasta una madrugada en que estando dormida desperté de repente y desesperada, cuando abrí los ojos el viejo estaba a mi lado mirándome fijamente, me dio un miedo terrible que salí corriendo y llorando hasta el cuarto de mi mamá, ella se asustó tanto que le conté todo lo que me venía ocurriendo desde hacía meses.

Amigo, refiriéndose al mesero, puede cambiarme el mojito por un whisky, es que no me sentó muy bien la yerbabuena, Expresó El haciendo una mueca con la boca y la mano derecha sobre el estómago.

 Al día siguiente me fui para la casa de mi tía, y como a la semana, nos mudamos a la casa donde estamos hoy.

Bueno yo me habría ido desde el primer día en que viste al viejo, dijo El. Me di cuenta lo miedoso que era este calvo, no solo por lo que dijo, sino también por el tono en que lo hizo, bien dicen que todo malo es miedoso.

Hace como tres meses, continuó Ella, salía de mi casa a eso de las nueve de la noche iba para el cumpleaños de Ligia, cuando abría la puerta del carro miré hacia la otra acera y volví a ver al señor, igual como lo veía en la casa anterior, con la misma camisa y pantalón, con la mirada fija en mí, me quede un momento reparándolo y comprobé que era él, levanté la mano y lo salude, pero él se quedo estático como siempre, pase toda la noche pensando en el viejo, prácticamente no estuve presente en la fiesta, cuando llegue a la casa volví a mirar hacia la acera del frente pero él no estaba, entré y subí a mi cuarto, no se me quitaba de la mente el anciano, al entrar al baño, estaba ahí, frente a mí, extendiéndome la mano, me acerque y en su palma tenia escrito algo, bajé la mirada y leí, decía Miriam, lo dije en voz alta, luego cerró la mano me dio la espalda, caminó y desapareció, igual que la ultima vez en la otra casa.

El Caballero, levantó el vaso y tragó de un solo tirón el contenido.

Regresé a la otra casa y vi que ya la habían arrendado otra vez, hable con la vecina y me dijo que la había ocupado hacía dos días, que los nuevos vecinos eran familiares de los propietarios, toque el timbre y me abrió una señora que resultó ser la prima de la dueña, hable con ella, y le pregunté si en la familia de su prima tenían a un señor de edad, bajito, con cabello liso y blanco, en fin le di todas las descripciones del viejo, ella me dijo que sí, que ese era su tío abuelo y que había muerto poco después que la familia de su prima se mudara de esa casa. Le dije que le iba a hacer una pregunta que tal vez le resultara rara, pero que tenía que hacérsela, le pregunté si ella sabía quién era Miriam, me dijo que por lo que sabía Miriam era la esposa de Manuel que era su tío abuelo y que había muerto hacía dos años aproximadamente, me senté y le dije todo lo que me había pasado, que no pensara que estaba loca, pero que había estado viendo a Manuel desde que llegue a esa casa, ella me mostró un álbum de fotos y ahí estaba él, idéntico como lo veía, me dijo que esas fotos habían sido de una semana antes de que él muriera, le pregunté si sabía que podía significar lo del nombre de su esposa escrito en su mano, ella me dijo que no sabía; fue cuando tomo el teléfono y llamó a su prima, le hizo un resumen detallado de lo que había pasado, diciéndole que yo estaba en su casa, fue cuando la prima le dijo que su papá después de que muriera su mamá, siempre le pidió que lo enterraran junto a ella, pero que a su mamá la habían sepultado en el cementerio de su pueblo natal y a su papá, por cuestiones de presupuesto le toco en la ciudad, la verdad es que las dos mujeres quedaron sorprendidas por la historia, les dejé mi teléfono. Hace 20 días fui al segundo entierro de Don Manuel, al lado de la tumba de su esposa, deje de verlo desde ese día, fue algo gratificante para mí. Mi mamá dice que mi abuelita tenía el don de la visión y que podía observar espíritus y seres, no sé si yo lo haya heredado también.

Cerré mi boca y toque el plato, ya los espaguetis estaban fríos, El caballero había pedido la botella de whisky completa, Ella tomaba el último sorbo de su margarita, dejó la copa sobre la mesa, y tomó la mano del caballero se inclinó sobre Él y le dijo: Se que no te he prestado atención estos días, desde que hoy me fuiste a buscar a la casa no te he determinado, tienes derecho a habérmelo reclamado, y te he contado todo esto para poder explicarte que desde hace una semana, estoy teniendo visiones de un niño de más o menos ocho años; se me apareció por primera vez en la cocina de mi casa, y hoy nos ha seguido hasta este restaurante, está parado a mi lado y todavía no se qué quiere de mi, quiero que me entiendas y me ayudes, estoy a punto de volverme loca, pero no puedo ser indiferente ante esto, quiero ayudarlo. Se inclinó un poco más hacia Él, le dio un beso en la boca y volvió a sentarse en la silla…

Caminé hasta mi hotel, entré en la habitación me puse la piyama, me lavé los dientes volví a bajar por enésima vez la cisterna del sanitario con resultado infructuoso y seguido  me acosté, sentí como si alguien me vigilará, una presencia en ese cuarto, que me estuviera observando, me revolví en la cama, y alcazaba a ver unos ojos acechándome, prendí la luz, ausculté  la habitación  con la mirada y no vi nada, me paré de la cama, revisé cada rincón, La maldije a Ella, lo maldije a Él, entre al baño y volví a descargar el sanitario y por fin  el mojón me dio la despedida.

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